Philip Lorca – diCorcia pertenece a una importante generación de creadores norteamericanos que en los años setenta comenzaron su trabajando rompiendo con los paradigmas conceptuales y formales entonces vigentes del arte contemporáneo en Estados Unidos y Europa.
En ese contexto, sus imágenes tuvieron un papel muy destacado en el arte emergente, como escenario de un cruce de lenguajes y dispositivos escénicos que terminaron con el estereotipo de la fotografía documental ligada a un pasado certero, como referente indiscutible de un acontecimiento real. Recurriendo a estrategias y estética propias de disciplinas como el cine y el teatro, diCorcia logró producir escenas enigmáticas donde el artificio, sin embargo, no es evidente.
Así surge el misterio: no hay instante decisivo, el momento capturado en todo caso pertenece al mundo de las apariencias, donde se amplifica el espacio que abarca el paso del tiempo. La paradoja se presenta implacable. La memoria es ficticia, no tiene que ver con el documento, sino con el signo.
La trascendencia de las imágenes de diCorcia también radica en no olvidarse de la otredad como punto de partida del discurso. Desde aquellas primeras series donde empleaba como modelos a miembros de su propia familia se ocupa de los espacios e identidades de esos otros, en los que, como un juego de espejos, nos identificamos todos.
Supersticiones visuales que muestran un gusto por la complejidad y logran el difícil, el sutil equilibrio entre realidad y ficción. / Benjamín Alcántara
Texto publicado en la revista Spot Año 7 / número 03 / edición 7.2 / Junio 2010 / p.50
